«No creo que esto pase en Chile»… era una frase acostumbrada a escuchar y de la cual no puedo decir que también la haya pensado, pero sucedió.

Santiago, enero 2020

Hoy ya no todo es igual en nuestro país, definitivamente lo trazado a partir del 18 de octubre de 2019 quebró el pensamiento de que en Chile podría pasar un cambio, una transformación con un estallido social frente al sistema impuesto por tanto tiempo, que ni la recuperación a la democracia ya hace 3 décadas atrás pudo modificar.

Que si hubiese sido el gobierno de la ex Concertación, de la Nueva Mayoría, de Chile Vamos o del que fuese, hubiese revelado el mismo problema: la injusticia social heredada del modelo del dictador Augusto Pinochet y sus Chicago Boys, aferrada en la ilegitima Constitución de 1980.

A lo sucedido en el estallido social en todo nuestro territorio nacional, la ineptitud del actual gobierno como han señalado los articuladores sociales, e incluso el uso desmedido de la aplicación de la fuerza pública, con nociones evidentes de violación a los Derechos Humanos como ha sido calificada por algunos organismos -pese a que no todos fueron enfáticos-  como Human Right Watch, Amnistía Internacional o la propia delegación en esta materia de ONU, son muestras que ha sido un conflicto fuerte, con desmanes, saqueos, irrupción de bandas de narcotraficantes, pero por sobre todo millones de chilenos descontentos con el modelo actual.

La Plaza Baquedano, Plaza Italia u hoy rebautizada socialmente como la «Plaza de la Dignidad», ha sido testigo de concentraciones permanentes y multitudinarias desde el inicio del conflicto, siendo punto de encuentro en la llegada de esta nueva década.

Indicar que se está avanzando, no tan rápido ni tan sustancialmente como se requiere. Ya tendremos en abril la oportunidad histórica de derrotar la Constitución de 1980 y tener constituyentes 100% elegidos que redacten el proyecto de una nueva Carta Fundamental para el país. (Finalmente, fue en octubre 25, 2020).

Es nuestra oportunidad de formular y pensar el Chile que queremos, el que queremos heredar a nuestros futuros compatriotas. Es nuestra obligación no fallarles y concretar una nueva Constitución, nacida en democracia para su plenitud y consolidación.